Panqueque by Entaban
La tradición de la tierra

Cultura de la repostería

La repostería conventual es la forma de elaborar los postres artesanos dentro de la cultura monacal.

Los dulces de nuestros conventos son el resultado de siglos de tradición culinaria. Recetas trasmitidas de una a otra generación que recogen la influencia culinaria árabe, judía, romana y griega. Son dulces sencillos y placenteros, cuya base son los propios productos cultivados en los huertos de los monasterios y a los que se les asocian propiedades medicinales. En la cocina conventual había mucho de Ministerio y Religión, pues según afirmaba la Santa, Teresa de Jesús: "Dios también está en los pucheros".

 

Los dulces que acuña la tradición de los pueblos han trasmitido a través de los siglos las recetas de los pucheros de la abuela, trasmitidas por el medio oral.

Característicos de la Semana Santa, los Huesos de Santo son rulos de mazapán rellenos de yema cocida con azúcar, sustitutivos de "los panes benditos" que era costumbre repartir entre los fieles en las grandes celebraciones. En Cataluña son típicos los Panellets, dulces de mazapán y piñones.

De los dulces llamados Cantos gregorianos habla un abad de nombre Nicolás, estudioso de "la Medicina Salernitana" del siglo XVI. Se trata de unos pastelillos hojaldrados con mazapán y bañados en hidromiel y clavo. Se les atribuían propiedades importantes en el aumento de la virilidad en los hombres.

De las sopaipas encontramos referencias en la obra La Lozana andaluza. La fórmula guarda alguna similitud con las Hojuelas u Orejas de Frailes receta de los Monasterios Agustinos del Siglo XVIII. Su composición es masa de harina, leche, vino y aceite, que después se fríe y se baña en miel. Se dice que estaba indicada esta receta para paliar la falta de ánimo y alegría.

Los artesanos de Entaban se precian de utilizar en sus productos de pastelería y repostería, sólo productos autóctonos de la tierra.

De los Roscones

La tradición de los roscones se remonta en Aragón a los albores del anterior milenio. Nuestra repostería es una herencia de la dominación musulmana y fue celosamente conservada en los monasterios. En Zaragoza alcanza su máxima expresión en los Roscones de San Valero y en los de San Blas.

Los artesanos pasteleros de la firma Entaban defienden que los ingredientes a utilizar en la elaboración del roscón son: la base de harina, anís, azucar, agua de azahar, canela, mantequilla, vainilla, naranjas, fruta confitada, nata montada y levadura. Una triple fermentación de la masa es la que consigue cohesionar perfectamente los ingredientes y dar un sabor delicioso a la base, la cual se adorna después con las frutas confitadas. Ese es el secreto que nos permite degustar un roscón suave y no el habitual 'mazacote' típico de la bollería industrial.

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